La civilización maya desarrolló una forma de entender el mundo en la que los dioses eran vistos como energías sin cuerpo que influyen en el cosmos, la naturaleza y la vida de las personas. Estas divinidades no tenían una forma física fija ni un lugar específico donde reunirse, sino que se manifestaban a través de los fenómenos naturales, los ciclos del tiempo y el orden del universo.
El origen cósmico de las divinidades
Según la tradición maya, seres antiguos subieron al cosmos y se transformaron en cuerpos celestes: uno se convirtió en el Padre Sol y otro en la Luna. De igual forma, los 400 muchachos sacrificados por Kab’raqan se transformaron en estrellas. Para los mayas, el número 400 no significaba una cantidad exacta, sino una forma de decir “muchos”, parecido a cuando hoy se dice “miles”.
Naturaleza de los dioses mayas
Los dioses mayas eran entendidos como seres sin forma física y sin personalidad humana. Cuando se les representaba con figuras humanas o animales, como cocodrilos relacionados con el agua o ranas ligadas a la lluvia; estas imágenes servían solo como símbolos para comprender la energía que controlaba cada elemento. En esencia, la divinidad era vista como una energía sin forma.
La relación entre los seres humanos y los dioses se basaba en la gratitud y el respeto, expresados mediante ceremonias realizadas por guías espirituales, quienes practicaban la purificación, el ayuno y la disciplina mental.
Dualidad y cuadruplicidad divina
Dentro de la cosmovisión maya, los dioses tenían una doble naturaleza, mostrando aspectos positivos y negativos. Además, cada divinidad podía manifestarse en cuatro formas, relacionadas con los cuatro puntos cardinales. A pesar de estas diferentes manifestaciones, cada dios era considerado una sola entidad.
Junab’ku y las fuerzas creadoras
En el centro de esta visión se encuentra Junab’ku, considerado el Dios Supremo que contiene todo lo que existe. Su nombre expresa la idea de la unidad dentro de la diversidad, y de él surgen todas las divinidades y manifestaciones del universo.
La creación se explica mediante cuatro energías principales:
• B’itol: el Creador, de donde nace la idea de la creación
• Tz’aqol: el Formador, quien da forma a esa idea
• Alom: el Hacedor, quien la convierte en realidad
• K’ajolom: la fuerza que da acción y aliento de vida
Estas energías actúan juntas como un solo principio creador.
Dioses del tiempo, la naturaleza y el cosmos
Los dioses mayas estaban relacionados con los distintos niveles del universo, el Mundo, Supramundo e Inframundo, así como con los elementos principales y los fenómenos naturales.
Un papel importante lo tenían las divinidades asociadas al Cholq’ij o Calendario Sagrado, donde cada uno de los 20 Nawales representaba una energía divina que influía en el tiempo y en la vida diaria.
Las Pléyades y el origen del conocimiento
La tradición maya daba un valor especial al grupo de estrellas conocido como las Pléyades, consideradas el origen simbólico de la vida, la realidad y el conocimiento.
Los Semidioses B’alaméb’, después de cumplir su misión de transmitir la tradición y devolver el equilibrio a la Tierra, regresaron al cosmos envueltos en el Pisom Q’aq’al, volviendo a Tulán y finalmente a las Pléyades.
Principales deidades o Dioses Mayas
Dentro de la cosmovisión maya, algunas de las divinidades más importantes fueron:
• Q’ij o Kinich Ajaw: el Padre Sol, dador de vida y fuerza que marca los equinoccios y solsticios.
• Kukulkan: la Serpiente Emplumada, muy presente en toda el área maya.
• B’alam: el Jaguar, símbolo de fuerza y energía de la naturaleza.
• Ixchel: esposa de Itzam Na, reconocida como la Diosa Madre, relacionada con la Luna, la Tierra y el tejido.
• Jun Itzam Na (Itzamná): considerado la divinidad más importante, con centros ceremoniales dedicados a su culto, como Izamal.
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